LOS SÍNDROMES QUE OCASIONARON EL VIRUS

LOS SÍNDROMES QUE OCASIONARON EL VIRUS

LOS SÍNDROMES QUE OCASIONARON EL VIRUS 469 1280 AnaCastroLiz

Existen comportamientos causados por el aislamiento social que pueden llevarte a no querer salir de casa

Tras más de dos meses de confinamiento para muchos la desescalada, supone una forma de regresar a la rutina, pero para otros, la vida cotidiana, ha perdido todo el interés.

Algunos se niegan a salir de casa o rodearse de multitud, durante las primeras semanas de desescalada. En la Psicología moderna, se le conoce como “la fiebre de la cabaña” y “síndrome de la soledad inquieta”, a síntomas que les sucede a algunas personas adultas o niños, cuando se encuentran en momentos prolongados de aislamiento social.

Estos síndromes pueden sufrirlos quienes han pasado el confinamiento a solas o con menos contacto social, son los que tienen más probabilidad de padecerlo.

El origen de muchos de estos términos, se remontan a la época de los colonos, quienes experimentaron largos inviernos en soledad, cubiertos de nieve sobre sus cabañas hasta el inicio de la primavera. Y también de los navegantes cuando pasaban largas travesías hacinados en pequeños cuartos bajo la cubierta de las embarcaciones, el ejemplo sirve para los presos, o quienes pasan por alguna enfermedad o cualquier otra situación que tengas que sufrir por una etapa larga de aislamiento social.

Existen varios comportamientos a nivel psicológico, llamados “síndromes” que pueden explicarte toda esta situación de confinamiento a nivel emocional y que voy a desarrollar en este artículo, son los siguientes:

El síndrome de la soledad inquieta

Las personas que padecen este síndrome se caracterizan por tener carencias afectivas y con gran tendencia a tener pensamientos obsesivos negativos respecto a la actitud de los demás hacia ellos mismos.

Presentan además miedo por salir a la calle, temor a contactar con otras personas fuera de las paredes de su casa, o a realizar actividades que antes eran cotidianas como trabajar, ir en transporte público, relacionarse con personas conocidas, etc.

Es una consecuencia normal de pasar tanto tiempo confinados, si este comportamiento te impide llevar una vida normal o continua su “confinamiento” más de un mes estaríamos hablando de una conducta patológica que puedes resolver con ayuda terapéutica.

 

La fiebre de la cabaña

También conocido como “síndrome de la cabaña”, si presentas: agitación, inquietud, desesperanza, dificultad para concentrarse, e ira ante la imposición de permanecer privado de libertad. Esto todo es lo que posiblemente muchas personas comenzaron a experimentar al principio de toda esta pandmeia y fue cuando se empezó a buscar ayuda profesional por estos síntomas, porque, además, muchos no conseguían conciliar el sueño como deseaban.

Pero es una reacción natural, cuando el confinamiento se alarga a los dos meses que llevamos.

Esta sensación dio paso, gracias al instinto de supervivencia de cómo te has adaptado a esta situación, al experimentar el confort, seguridad y tranquilidad en las actividades en casa mezcladas con la ansiedad por el mero hecho de pensar en salir a la calle o retomar la vida que tenía antes del confinamiento, lo agusto que ahora estás en tu hogar al conocer mejor tus prioridades, ya sabes cómo quieres que sea tu vida.

 

El resplandor

La película de Stephen King, ‘El resplandor’, dramatizó sobre los efectos del confinamiento prolongado de un grupo de personas en su estado mental y se pudo comprobar las conductas violentas, características sobre todo del protagonista (Jack Nicholson) que reflejó, un posible síndrome de “soledad inquieta” llevado a su extremo, y lo que puede llegar a suceder en una mente ya perturbada de por sí.

El hábito de no tener ningún contacto físico o cercano con otras personas puede haber creado una forma de rechazo a lo que era muy importante antes, que era el contacto con los demás.

Además, no nos olvidemos que la epidemia no está superada del todo, así que el riesgo de contagio sigue existiendo. Con lo que se dan varios miedos; al contagio del virus COVID-19, y como afrontar situaciones sociales o espacios abiertos con múltiples estímulos que escapan al control.

Desescalando el miedo

Para superar todos los miedos que se están presentando es necesario ir poco a poco, sin forzarse a salir sino lo vas a disfrutar. Debes entender que, si tomas las medidas adecuadas, no tiene por qué pasarte nada. De hacer un kilómetro caminando, a hacer algo más en días posteriores, y a la hora de relacionarte socialmente, lo mismo, de tu círculo más cercano a tener encuentros con pocas personas hasta ir aumentando tus citas, gradualmente.

Lo habitual es que, si no presentas; ansiedad, hipocondría u otras patologías, la mayoría de las personas van adaptarse en una semana a las nuevas fases.

Después de estar durante semanas escuchando noticias sobre muertes y hospitales saturados, profesionales desbordados, se debe tener en cuenta que cualquier cambio, incluso a mejor, genera estrés y ansiedad, y exige un periodo de adaptación.

Se necesita que todo el mundo colabore más, empaticen mejor y que mantengan la distancia física con mucho afecto virtual.

¿Qué puedes hacer al salir?

Lo primero escucha tus necesidades, regula lo que necesitas y cuando. Exponerte hacer recados, ir a tu trabajo, al ruido otra vez, a encontrarte con muchas personas debes de mezclarlo con cosas que te agraden y puedas disfrutar, como compartir un paseo con quien te hace bien, disfruta de sentir el sol en tu piel, abrazar un árbol, ver el mar, observar a los niños jugando, visita tu pueblo o ama todas las cosas que te pueden dar placer del exterior.

Todo lo bueno te ayudará a que quieras repetir la experiencia al día siguiente.

Lo segundo sigue las pautas de distanciamiento social: uso de guantes y mascarillas, y lavado de manos, todo lo que te pueda proporcionar cierta sensación de seguridad.

Es normal tener miedo como también es normal querer superarlo. Si sientes que te genera malestar salir buscar ayuda, es un acto de superación hacia ti mismo y puedes conseguirlo.

Articulo escrito 23 mayo 2020 para  El Progreso de Lugo 

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