El Progreso

ENAMORARSE DE OTRO

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Cómo afrontar el difícil momento de confesar a tu pareja que lo quieres dejar porque te has enamorado de otra persona

Hay conversaciones que uno desearía no tener que atravesar nunca, porque sabemos que, cuando pronunciemos ciertas palabras, algo va a cambiar para siempre: “Me he enamorado de otra persona, quiero dejarte” es, probablemente, una de esas frases capaces de dividir tu vida en un antes y un después.

¿Qué sucede cuando compartes tu vida con una pareja, cuando existe una familia, proyectos, rutinas y recuerdos, y de pronto descubres que tus sentimientos han cambiado? ¿Cómo explicas que otra persona ha despertado en ti emociones que quizá creías olvidadas o que jamás sentirías? Y, sobre todo, ¿cómo afrontas el dolor de quien no ha elegido encontrarse en esta situación, que es tu pareja?

Enamorarse de otra persona mientras se mantiene una relación estable, no te convierte automáticamente en que seas una mala persona. Los sentimientos no siempre aparecen cuando los esperamos ni responden a nuestra voluntad. Sin embargo, reconocer lo que sentimos no nos exime de la responsabilidad sobre nuestras decisiones.

Una cosa es enamorarse y otra, muy distinta, es cómo gestionamos ese enamoramiento.

Dejar de querer encajar

La aparición de una tercera persona puede responder a circunstancias muy diferentes. En ocasiones, puede deberse a atravesar una etapa de distanciamiento emocional, falta de intimidad, conflictos no resueltos o pérdida de conexión que se arrastra desde hace mucho tiempo. En otras, la relación funciona razonablemente bien, sin grandes sobresaltos pero surge una atracción inesperada que evoluciona hacia un vínculo emocional más profundo.

También puede ocurrir que esa nueva persona represente algo que echábamos de menos: sentirnos escuchados, deseados, admirados o comprendidos. La novedad puede intensificar las emociones y generar una sensación de vitalidad que contrasta con la familiaridad de una relación consolidada donde nos hemos acostumbrado a encajar sin pedir mucho más.

Enamorarse de alguien no demuestra necesariamente que tu pareja no te quiera y busques consuelo en otro, ni que te trate con desprecio ni que la nueva relación tenga que ser la adecuada. A veces, el enamoramiento nos habla de una necesidad insatisfecha; otras, de una transformación personal o de una compatibilidad que no habíamos previsto. Y, en ocasiones, simplemente nos coloca ante una elección difícil.

Comparar una relación real, con sus responsabilidades y problemas, con otra que apenas comienza puede conducirnos a conclusiones precipitadas.

Conflicto: entre la culpa y el miedo

Quien descubre que se ha enamorado de otra persona puede experimentar emociones contradictorias: ilusión por lo que está naciendo, culpa por lo que siente hacia su pareja, miedo a destruir una familia, temor a equivocarse y angustia ante las consecuencias económicas, familiares o sociales de una ruptura.

A veces aparece también una pregunta incómoda: “¿Y si estoy renunciando a una relación valiosa por algo pasajero?”. O la contraria: “¿Y si me quedo por miedo y termino viviendo una vida que ya no deseo?”.

Esta ambivalencia es comprensible. Lo que no resulta saludable es utilizarla indefinidamente como justificación para mantener a dos personas en una situación de incertidumbre. No tener todavía todas las respuestas es muy humano; evitar tomar cualquier decisión mientras se alimentan dos vínculos a costa de sus confianzas, puede acabar causando un daño considerable.

 Decir la verdad

El silencio suele estar alimentado por el miedo. Miedo a hacer sufrir, a ser juzgados, a perder la estabilidad o a asumir las consecuencias de una decisión. También puede existir una esperanza de que los sentimientos desaparezcan solos y todo vuelva a ser como antes.

Sin embargo, callar no siempre evita el sufrimiento; a veces, simplemente lo aplaza. Mientras un miembro de la pareja cree que su relación continúa siendo la misma, la otra parte puede estar ocultando información o construyendo una vida paralela.

Cuando ese silencio implica mentiras, promesas que ya no se sienten verdaderas o una infidelidad mantenida, el daño puede ser mayor que el provocado por una conversación honesta. La pareja no solo tendrá que afrontar la posibilidad de una ruptura, sino también revisar la confianza y preguntarse qué parte de la realidad desconocía.

Esto no significa que debamos comunicar cada atracción pasajera ni convertir cualquier duda en una confesión. Sentir atracción por alguien puede formar parte de la experiencia humana, la cuestión cambia cuando ese sentimiento adquiere relevancia, modifica nuestro compromiso o nos lleva a mantener conductas que afectan a los acuerdos de la pareja.

Responsabilidad

¿Cómo decirlo, entonces? El primer paso no consiste en buscar la frase perfecta, sino en aclarar qué está ocurriendo. Antes de hablar, conviene preguntarse: ¿quiero continuar con mi pareja?, ¿estoy confundiendo la intensidad de la novedad con una decisión de vida?, ¿quiero reparar nuestra relación o ya he decidido marcharme? ¿Estoy dispuesto a asumir las consecuencias de cualquiera de las respuestas?

No siempre podremos resolver todas estas preguntas antes de conversar, pero sí debemos evitar utilizar a nuestra pareja como única vía para aliviar nuestra culpa o como responsable de decidir por nosotros.

La conversación debería producirse en un espacio privado, sin prisas y con tiempo suficiente para que ambas personas puedan expresarse. Es importante hablar desde la propia experiencia, sin culpabilizar: “Mis sentimientos han cambiado y necesito ser honesto contigo. Me he enamorado de otra persona y sé que esto puede hacerte daño. No quiero seguir ocultándotelo”.

No se trata de ofrecer detalles innecesariamente dolorosos, comparar a ambas personas ni enumerar los defectos de la pareja para justificar lo ocurrido. Tampoco de exigir comprensión inmediata. Quien recibe la noticia puede sentir rabia, tristeza, incredulidad o quedarse en silencio y tiene derecho a necesitar tiempo, a formular preguntas y a no saber qué quiere hacer en ese momento.

La honestidad no garantiza una ruptura sin dolor, sino permitir que la otra persona tome decisiones con información suficiente y conserve su capacidad de elegir.

¿Y después?

Algunas parejas descubren:

  • que desean reconstruir su relación y están dispuestas a trabajar en ella. Para hacerlo, necesitan identificar qué ha sucedido, revisar sus dificultades y establecer acuerdos claros.
  • Otras parejas comprenden que su relación ha terminado, separarse de la manera más respetuosa posible, especialmente cuando existen hijos, responsabilidades económicas o proyectos compartidos, será prioritario. Una ruptura no elimina la historia vivida ni obliga a convertir al otro en un enemigo.
  • También hay personas que necesitan un periodo para aclararse. Ese tiempo puede ser útil si se acuerdan límites concretos y no se utiliza para mantener indefinidamente a la pareja en espera mientras se explora una relación alternativa.

No hay una forma indolora de decir la verdad, pero sí una forma más honesta de hacerlo. Lo decisivo no es únicamente de quién nos enamoramos, sino cómo actuamos cuando nuestros sentimientos afectan a la vida de alguien más.

Amar también implica reconocer la libertad del otro. El mayor acto de respeto no consiste en prometer que nada cambiará, sino en tener el valor de decir que algo ha cambiado y permitir que ambos decidan qué hacer con esa verdad.

Artículo escrito 24 octubre 2026 para El Progreso de Lugo

CORRESPONSABILIDAD

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Cuando uno descansa lo que quiere y el otro sostiene la familia, porque no queda más remedio

La incorporación de las mujeres en el mundo laboral fue un hecho histórico que fomentó un cambio de roles y el descubrimiento del concepto de corresponsabilidad. Hace muchos años la mujer tenía a su cargo criar a los hijos, casi en exclusividad mientras que el hombre se encargaba de las tareas productivas, parece que queda todo en el prehistórico, que era así, cada uno tenía muy marcados sus roles y no solían existir conflictos domésticos que hoy en día reinan entre la mayoría de las parejas. Y, aunque han pasado unas cuantas décadas, en terapia de pareja, sigue escuchándose la queja de: la mujer sigue a cargo de las tareas domésticas y del cuidado de las personas que conviven con ambos, en muchos casos.

Corresponsabilidad significa la distribución equitativa, equilibrada y funcional de las responsabilidades personales, familiares y laborales. Esto implica planificar, organizar y realizar de forma igualada las tareas domésticas, cuidar de las personas a cargo y del trabajo remunerado, así como compartir la carga mental de todo ello.

También implica la negociación de quién hará ciertas tareas, no solo se trata de cocinar o limpiar la casa, sino que también planear el menú semanal, mirar qué falta y hacer la lista de la compra con los productos que se necesitan, entre muchas otras cosas, etc.

Cuando uno no hace nada

Hay parejas que llegan a consulta hablando de falta de comunicación o de pérdida de deseo. Pero, cuando empezamos a profundizar, aparece algo mucho más cotidiano: uno de los dos siente que lleva demasiado tiempo sosteniendo prácticamente solo la vida familiar.

No siempre se trata de que el otro «no haga nada», seguramente tenga un trabajo muy demandante y colabora con determinadas tareas o incluso considera que está haciendo su parte a la perfección. El problema aparece cuando la responsabilidad de: pensar y organizar, anticipar y hacerse cargo de la vida cotidiana recae de manera habitual sobre una sola persona, tenga el sexo que tenga cada uno, porque sucede en parejas de homosexuales también.

Corresponsabilidad no significa que cada miembro de la pareja haga exactamente el 50 % de las tareas todos los días, la vida no funciona así. Hay momentos en los que uno puede estar más ocupado, enfermo, cansado o tener una mayor carga laboral, lo interesante no es conseguir una igualdad matemática perfecta, sino que exista una sensación de equipo, compromiso y reparto justo de las responsabilidades.

El problema surge cuando esa desigualdad deja de ser puntual y se convierte en una forma de funcionamiento habitual y eterno en la dinámica de esa pareja.

Diferencias razonables

Imaginemos una pareja con un hijo pequeño, donde ambos trabajan, cuando termina la jornada laboral, uno piensa en ir al gimnasio, jugar al pádel, entrenar, quedar con amigos o simplemente tener un rato para sí mismo. La otra persona, sin embargo, termina su jornada laboral y comienza otra: recoger al niño, preparar la cena, pensar qué necesita para el día siguiente, organizar los baños, preparar la ropa, revisar horarios, hacer compras, recordar citas y encargarse de las rutinas.

Los dos han terminado de trabajar cierto, pero solo uno ha terminado de trabajar y desconecta de todo, ahí radica toda la diferencia.

Porque la carga familiar no está formada únicamente por las tareas que hacemos físicamente, también existe una carga mental mucho más invisible: saber qué hay que hacer, anticiparse a lo que necesitarán los demás y asegurarse de que finalmente se haga.

No se trata de “ayudar”

Cuando una persona dice: “es que, si me lo pide, yo lo hago”, quizá no está comprendiendo el problema. Si una persona tiene que recordar constantemente a la otra qué debe hacer, cuándo y cómo, ocupa el lugar de quien gestiona la familia como si fuera un padre o madre de todo el sistema familiar.

La casa no es de uno y el otro ayuda, la familia es una responsabilidad compartida.

Y hay otro aspecto que considero especialmente importante que es el reparto del tiempo libre. Cuando llegan los hijos, el tiempo disponible cambia. No significa que dejemos de tener derecho al ocio, al deporte, a los amigos o a nuestros hobbies sino que se debe cuidar nuestro propio espacio.

Pero ese derecho tiene que ser compatible con las responsabilidades familiares.

Si uno puede disponer espontáneamente de varias tardes a la semana para hacer deporte porque da por hecho que el otro se ocupará del niño, mientras la otra persona apenas puede tener una hora para sí misma porque antes tiene que garantizar que todo esté organizado, no estamos ante una diferencia de aficiones. Estamos ante una desigualdad en el acceso al descanso y una conducta muy egocéntrica por parte de uno de los dos.

Consecuencias

Quien sostiene durante mucho tiempo la mayor parte de las responsabilidades puede empezar sintiéndose cansado, después puede aparecer la frustración, más tarde, el resentimiento y hasta dejar de desear a su pareja.

Y cuando una persona siente que su pareja no está a su lado como compañero, sino que se ha convertido en otra persona de la que también tiene que hacerse cargo, como si fuera un hijo más, algo en el vínculo empieza a deteriorarse.

En consulta, a veces se escucha: “No quiero pedirle nada más, ya”, detrás de esta frase que dice uno sobre el otro miembro de la pareja, puede haber años de sentir que pedir, recordar, negociar y reclamar también forma parte de la carga y es una sobrecarga y anuncia el fin de una relación.

¿Existe solución?

Por eso, trabajar la corresponsabilidad no consiste simplemente en hacer una lista de tareas y repartirlas, así sin más, es necesario cambiar la mirada, pasar de: “¿qué me toca hacer?” a “¿qué necesitamos como familia y cómo podemos sostener las responsabilidades entre los dos?”.

También es importante que ambos puedan disponer de tiempo personal, no necesariamente el mismo número de horas cada día, pero sí un espacio razonablemente equilibrado para descansar, disfrutar y desconectar, y favorecer cada uno a que esto pueda ser así.

La solución no siempre es sencilla, especialmente cuando la desigualdad lleva mucho tiempo instalada. Pero comenzar por algo tan básico como empezar a poner sobre la mesa y organizar todo aquello que sostiene la vida cotidiana: necesidades propias y compartidas, tareas visibles, tareas invisibles, responsabilidades, horarios, cuidados y tiempo de ocio.

Después hay que hablar, no desde la acusación, sino desde la responsabilidad:

“Esto es lo que está ocurriendo…”,

“Así me estoy sintiendo…”,

 “Necesito que encontremos otra manera de funcionar…”».

Porque una pareja no debería funcionar como una persona que organiza y otra que ejecuta, tampoco como una persona que cuida y otra que «ayuda». Una pareja debería poder sentirse “un equipo”.

Una de las preguntas más importantes que podemos hacernos si nos encontramos frente a este problema es:

  • ¿Estamos repartiendo solamente las tareas o estamos compartiendo realmente con amor la responsabilidad de nuestra vida?

La diferencia de respuesta puede cambiar por completo la forma de vivir una relación.

Artículo escrito 18 septiembre 2026 para El Progreso de Lugo

RELACIONES IMPOSIBLES

RELACIONES IMPOSIBLES 780 2126 AnaCastroLiz

El deseo de salvar a los que nunca están disponibles tiene su origen en el apego ansioso

Hay personas que, sin darse cuenta, repiten la misma historia sentimental, cambian los nombres y circunstancias, pero el patrón permanece intacto: se sienten atraídas por personas emocionalmente no-disponibles, con vidas caóticas, conflictos constantes o incapaces de comprometerse.

Si se les pregunta qué les gusta realmente de esa persona, responden con dudas, no admiran especialmente su forma de ser, no se sienten bien tratadas y la relación apenas les aporta tranquilidad, pero permanecen allí, esperando que algún día todo cambie.

La mente queda atrapada en disculparlos: “todavía no está preparada para quererme”, “todavía no ha superado su pasado”, … y mientras tanto, la relación gira alrededor de la espera.

Interpreta cada pequeño gesto como una señal de que el cambio está cerca. Esa esperanza actúa como un potente reforzador emocional que dificulta romper el vínculo y esto en psicología se le conoce como tener Apego Ansioso.

No se enamoran de la persona, se enganchan a la esperanza.

¿Qué es el apego ansioso?

No es tener una psicopatología de la que hay que curarse: se trata más bien de un estilo relacional que se desarrolla en respuesta a haberse criado en una dinámica familiar inestable. Las personas con este estilo afectivo perciben constantemente el riesgo de ser rechazadas o abandonadas y tienden a buscar de manera persistente seguridad en sus relaciones. La ansiedad relacional a menudo se manifiesta mediante:

· Miedo al abandono.

· Dificultad para regular las emociones.

· Interpretar las señales de comportamiento ambiguas como rechazo/ o amor.

· Dependencia emocional de la pareja.

Este estilo de apego va acompañado de una necesidad constante de aprobación y de un profundo temor a la soledad o a un abandono repentino, y las relaciones están caracterizadas por inestabilidad y conflictos constantes.

El estado de ánimo depende casi completamente, de cómo está la relación ese día, en el fondo, no te crees que alguien pueda quererte de verdad, sin condiciones.

El síndrome del salvador

Muchas personas desarrollan relaciones donde terminan ejerciendo más de terapeutas que de parejas. Escuchan, comprenden, rescatan, solucionan problemas económicos, familiares o emocionales, se convierten en el apoyo incondicional de alguien que parece necesitarles constantemente.

El problema aparece cuando la relación deja de construirse desde la reciprocidad y pasa a sostenerse únicamente sobre el cuidado. Paradójicamente, cuanto más ayudan, más imprescindibles creen ser, y mayor miedo sienten a marcharse. Su identidad acaba dependiendo de seguir siendo necesarios.

Cuando estás con una persona ambigua o impredecible, se activa una necesidad intensa de conseguir su aprobación. Cada acercamiento genera alivio y cada distancia provoca ansiedad. La relación termina convirtiéndose en una montaña rusa emocional donde el bienestar depende completamente del comportamiento del otro.

El vínculo no se sostiene por el bienestar que produce, sino por la expectativa de que algún día esa persona será diferente

Comportamiento en pareja

-Necesidad de confirmación de que te quiere, de que todo está bien, de que no está enfadado contigo.

-Revisas el móvil, esperando sus mensajes, y si tarda en contestar, tu mente empieza a construir escenarios catastróficos.

-Te cuesta estar sola o hacer planes sin él/ella, sientes que algo va a salir mal en tu ausencia.

-Cedes en tus necesidades con tal de no generar conflicto o que te deje.

-Si discutís, sientes un pánico desproporcionado a romper.

-Buscas señales de que te va a abandonar o no te quiere, aunque no haya motivos reales para pensar eso.

Experiencias que generan este apego

-Cuidadores emocionalmente inconsistentes: presentes físicamente, pero ausentes emocionalmente.

-Situaciones de separación o pérdida temprana: fallecimiento de un progenitor, divorcios muy conflictivos, enfermedad de algún progenitor.

-Relaciones anteriores donde fuiste abandonada o traicionada: no solo en la infancia, también en relaciones de pareja adultas que dejaron una herida profunda

-Mensajes familiares que asociaban el amor con el rendimiento: «te quiero cuando te portas bien», «tengo que sacrificarme por vosotros», «no llores o no te hago caso»

-Crianza de alta exigencia o crítica

Los Evitativos

En el extremo opuesto encontramos a quienes presentan un estilo de apego evitativo.

Suelen valorar mucho su independencia, les cuesta expresar su vulnerabilidad y se vuelven incomodos cuando una relación comienza a profundizar emocionalmente, no necesariamente rechazan el amor, pero sí el exceso de intimidad, por eso alternan momentos de cercanía con otros de retirada, creando mensajes contradictorios que generan enorme confusión en la pareja.

La combinación entre una persona con apego ansioso y otra con apego evitativo suele generar uno de las uniones más frecuentes de parejas. Donde uno persigue cercanía, el otro necesita distancia. Cuanto más insiste uno, más se aleja el otro. Y cuanto más se aleja, más ansiedad siente quien teme perder la relación.

Se establece así un círculo de persecución y huida donde ambos terminan reforzando las inseguridades del otro.

¿Por qué eliges a quién te hace sufrir?

Buscamos, sin ser conscientes, relaciones que resultan familiares, no se elige aquello que nos hace felices, sino aquello que nuestro cerebro reconoce como conocido. Si durante la infancia el afecto fue impredecible, es posible que de adultos confundamos incertidumbre con intensidad y tranquilidad con falta de pasión. La calma puede resultar extraña y el caos, sorprendentemente familiar.

En vez de preguntarte: “¿Por qué no cambia?”, cuestiónate: “¿Por qué sigo esperando que cambie alguien que me demuestra continuamente quién es?”

Cambiar el foco de estar tan pendiente del otro hacia uno mismo, permite comprender qué necesidad emocional mantiene viva esa relación. No se trata únicamente de analizar a quién elegimos, sino también de entender qué parte de nosotros necesita seguir eligiendo a personas que nunca terminan de estar disponibles.

El amor sano no se sostiene sobre la espera, el rescate ni la incertidumbre constante, se construye desde la reciprocidad, la seguridad emocional y la libertad de poder ser uno mismo sin tener que demostrar continuamente que merece ser querido.

Articulo escrito 18 julio 2026 para El Progreso de Lugo

EL TRAJE QUE ELIJES

EL TRAJE QUE ELIJES 780 2126 AnaCastroLiz

Buscamos en nuestra caracterización lo mismo que nuestros antepasados hace dos mil años: reconocimiento y pertenencia

Cada mes de junio, Lugo vive una transformación extraordinaria con el Arde Lucus, durante unos días dejamos de ser administrativos, profesores, comerciantes, estudiantes o jubilados para convertinos en: legionarios romanos, castrexos, sacerdotisas, guerreros, senadores o matronas. Cambiamos nuestra ropa habitual por túnicas, armaduras y adornos de otra época, pero precisamente cuando nos caracterizamos, es quizás cuando más mostramos quiénes somos realmente.

Los roles influyen en nuestro comportamiento, ya que no actuamos igual en una reunión de trabajo que en una comida familiar, no hablamos igual con nuestra pareja que con nuestros amigos, adaptamos parte de nuestra conducta al contexto en el que nos encontramos.

Este tipo de fiestas populares tienen algo de especial, y es que nos permiten experimentar, jugar y relacionarnos de una forma diferente: personas habitualmente reservadas se vuelven más abiertas, quienes suelen mostrarse rígidos o preocupados por la imagen se permiten improvisar, bailar o conversar con desconocidos. Durante unos días parece que nos concedemos permiso para ser versiones más espontáneas de nosotros mismos y conectar con nuestros ancestros.

Quizá por eso tantas personas esperan la fiesta del Arde Lucus con entusiasmo. No solo se trata de recrear el pasado, también se trata de escapar por unas horas de las obligaciones, de las prisas y de los problemas de a diario.

Formas de Expresar

La realidad es que todos llevamos distintas máscaras sociales, algunas nos protegen, otras nos limitan, el problema aparece cuando acabamos olvidando quién hay detrás de ellas, por eso las fiestas en general, tienen la capacidad de recordárnoslo.

Bajo una túnica romana o una capa castrexa desaparecen durante un instante los títulos, las jerarquías y las etiquetas. Importa menos lo que hacemos y más cómo compartimos ciertos momentos con los demás. Resulta curioso que una celebración basada en la historia de nuestra ciudad y en tener que vestirnos representativamente, pueda acercarnos tanto a la autenticidad, tal vez, al sentirnos menos observados y menos juzgados, nos atrevemos a expresar aspectos de nuestra personalidad que durante el resto del año permanecen ocultos.

Y así, entre antorchas, mercados y campamentos, descubrimos una paradoja profundamente humana: a veces necesitamos disfrazarnos para poder mostrarnos libremente tal y como somos.

Los seres humanos seguimos necesitando ser vistos, deseados y sentir que pertenecemos a un grupo

Personajes Romanos

  • Romano o romana: Representa el orden, la civilización, la ley y la organización social. Desde un punto de vista simbólico, vestir de romano puede reflejar nuestra admiración por la estabilidad, la estructura y la pertenencia a algo más grande que nosotros mismos. Roma representa la construcción de una sociedad organizada y poderosa.
  • Legionario: Representa la disciplina, la fortaleza, el esfuerzo y el compromiso con el grupo. El legionario simboliza la capacidad de sacrificio, la perseverancia y la protección de la comunidad. Es la imagen de quien cumple con su deber y permanece firme ante las dificultades.
  • Centurión o mando militar: Representa liderazgo, autoridad y responsabilidad. Es la figura de quien toma decisiones y guía a otros. Simbólicamente conecta con el deseo humano de influir, dirigir y asumir responsabilidades.
  • Matrona romana: Representa prestigio, experiencia, estabilidad y reconocimiento social. La matrona era una mujer respetada dentro de la sociedad romana. Hoy simboliza la madurez, la influencia personal y la importancia de los vínculos familiares y comunitarios.
  • Emperador o emperatriz: Representan el poder, el reconocimiento y la trascendencia. Son personajes asociados a la necesidad humana de dejar huella, ocupar un lugar destacado y ser recordados.

Dioses y diosas romanas: Representan fuerza universal y supone, representar aquello que deseamos potenciar.

Cada divinidad encarna una aspiración diferente:

  • Venus representa el amor, la belleza y la seducción.
  • Marte representa la fuerza y el valor.
  • Minerva simboliza la inteligencia y la estrategia.
  • Diana representa la independencia y la libertad.
  • Júpiter simboliza la autoridad, la protección y el liderazgo.
  • Minerva inteligencia, estrategia y reconocimiento.
  • Baco celebración, placer, fiesta y disfrute de vida.
  • Neptuno misterio y poder natural.
  • Esclavo o esclava: Representan la cara menos visible de la historia. Simbolizan el esfuerzo silencioso, la dependencia y la falta de libertad. También recuerdan que las grandes obras y ciudades se construyeron gracias al trabajo de esclavos.
  • Pueblo romano: Representa la vida cotidiana y el sentido de comunidad. Son personajes cercanos, accesibles y humanos.

Personajes castrexos

  • Guerrero castrexo: Representa la libertad, resistencia y defensa de la identidad propia. Simboliza la independencia, el arraigo y la capacidad de proteger aquello que considera valioso.
  • Mujer castrexa: Representa la conexión con las raíces, la familia y la comunidad. Evoca una vida más vinculada a la naturaleza, a los afectos y a las tradiciones compartidas.
  • Druida: Representa la sabiduría ancestral, el misterio y la espiritualidad. Simbólicamente encarna la búsqueda de significado, la conexión con lo trascendente y el deseo humano de comprender aquello que va más allá de lo material.
  • Jefe clan: Representa liderazgo basado en la cercanía y el respeto de la comunidad. Su autoridad no proviene de las instituciones, sino del reconocimiento de quienes le rodean.

La gran metáfora

La riqueza simbólica del Arde Lucus se encuentra en el contraste entre dos formas de entender el mundo.

  • Roma representa lo que hemos construido,la ley, la organización, el progreso, la estructura y el poder.
  • Los castrexos representan lo que fuimos,las raíces, la libertad, la tribu, la naturaleza y la identidad local.

Durante unos días podemos elegir qué historia queremos representar, podemos sentirnos parte del imperio o de la tribu, del orden o de la libertad, del poder o de las raíces.

Al final, el traje que elegimos no habla tanto de quiénes somos sino de los valores que admiramos. Detrás de cada túnica, cada armadura o cada corona aparece algo profundamente humano: la necesidad de pertenecer, de ser reconocidos, de sentirnos importantes.

Quizá ese sea el verdadero secreto de esta fiesta, no solo recrear el pasado, sino permitirnos explorar, aunque sea por unos días, algunas de las grandes aspiraciones que siguen formando parte de la condición humana y quizás por eso, entre legionarios, druidas y gladiadores, seguimos encontrando cada año la sensación de formar parte de una tribu o de algo en lo que creer.

Artículo escrito 20 junio 2026 para ElProgreso de Lugo

INFIDELIDADES SUTILES

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Tontear delante de la propia pareja con comentarios o bromas insinuantes hacia terceros, es irrespetuoso

Las microinfidelidad, son comportamientos muy sutiles, que se caracterizan por la insinuación o llamada de atención de alguien ajeno a la pareja, algo que puede ser la antesala de una infidelidad mayor. Se manifiesta como con: comentarios ingeniosos, piropos sutiles, miradas coquetas o pequeños gestos, como acariciar suavemente el brazo de la otra persona o sonreír de manera seductora, ¡esto es un tonteo en toda regla!. Esta forma de relacionarse, crea tensión sexual y mantiene el misterio, algo que resulta muy atractivo para quién lo provoca.

La persona que recibe esa “microinfidelidad”, puede interpretar: “¿no soy suficiente para mi pareja?”, “¿me está faltando al respeto o es que soy un/una exagerado/a?”, siendo fácil que surja inseguridad, vergüenza, rabia o confusión. Al quedar desplazado emocionalmente, te anulas y para seguir al lado de alguien así, acabas normalizando esas conductas porque si le dices algo él/ella le va a restar importancia. Y para el tercero en cuestión, pues se siente un instrumento de utilización, para subir el ego del que ejecuta la acción.

Cuando en terapia de pareja salen estos temas a relucir, sabemos que este tipo de conductas no son banales, y es porque no has puesto límites claros a tu pareja. Toda relación sana necesita acuerdos sobre qué es aceptable y qué no, en el vínculo entre vosotros y hacia otras personas. Si se cruzan esos límites de forma reiterada —y más aún en presencia del otro—, lo que está en juego es el respeto relacional.

¿Es normal tontear teniendo pareja?

Un tonteo es perjudicial para la relación. ¿Cuál es la delgada línea que separa la infidelidad de la libertad individual? Se debe definir lo que es un tonteo y lo que no, porque para cada persona puede significar una cosa;

– Para algunos, es decir piropos sin más.

– Para otros, implica contacto físico; caricias sutiles o abrazos.

Detrás del tonteo hay un interés de gustar a otra persona.

El “tonteo virtual”, tan de moda en los últimos tiempos, es el que se hace a través de las redes sociales donde también haces daño a tu pareja.

– Reaccionando a historias de otras personas con corazoncitos o similar, sobre todo si no lo haces ni hacia tu propia pareja.

– Enviando mensajes con doble intención: “madre mía, hoy estás …”, “ya me gustaría estar con alguien como tú”, etc.

Puede parecer inofensivo, pero este tipo de comportamiento es una microinfidelidad, sobre todo si: es recurrente durante tiempo y tiene connotación sexual.

¿Por qué nos gusta gustar?

La validación ajena es muy importante para nuestra salud mental, la relación que se ha desarrollado con los padres en la tierna infancia y amigos, va a influir en cómo nos relacionamos en pareja, y va a afectar a la propia autoestima para mal o para bien. Buscar validación en las relaciones sanas que mantenemos es positivo, el problema surge cuando:

· Necesitamos que nos recuerden lo mucho que valemos constantemente porque si no nos sentimos inseguros.

· Buscamos validación en personas que no nos aportan nada.

En algunos casos, se trata de estilos relacionales aprendidos: personas que asocian el coqueteo con algo social, porque ya lo hacen así alguno de sus padres, y en otros, donde sentirse deseado fuera de la pareja, refuerza la autoestima. También pueden darse dinámicas más complejas: como querer mantener una puerta abierta a otras posibilidades por si falla su propia relación.

Que lleves toda la vida haciéndolo así, no significa que sea honesto. El problema está en cómo impacta en tu pareja, si le genera malestar, inseguridad o erosiona la confianza, deja de ser un detalle sin importancia para convertirse en un indicador de que algo necesita ser revisado y cortado de cuajo.

Si necesitas gustar a desconocidos para sentirte deseado, tienes un problema de reconocimiento y autoestima

No siempre se busca sexo

Las infidelidades no siempre son un desliz con sexo y ya, por eso es tan importante hablar con tu pareja y definir de forma respetuosa y clara qué es para ti y qué es para ella una infidelidad, como si fuera a sonar la alarma de las tentaciones al atravesar ese límite, como sucede en el Programa de TV de la Isla de las Tentaciones.

De lo contrario, corréis el riesgo de haceros daño solo por dar por sentado lo que la otra persona siente, piensa o quiere, hay decenas de situaciones mucho más sutiles que pueden hacer mella en la relación si no os habéis comunicado bien antes.

Algunos ejemplos de microinfidelidades, son:

1. Mensajes con desconocidos/as a escondidas de tu pareja.

2. Interacciones constantes a través de las redes sociales con personas con las que no tienes un vínculo de amistad.

3. Coquetear con exparejas.

4. Regalar piropos.

5. Practicar sexting.

6. Ocultar que tienes pareja cuando sales de fiesta y coqueteas con todo el mundo.

7. Pedirle el número a personas de fiesta (y no precisamente para hacer nuevas amistades) para luego tontear por sms.

Es posible que para ti ciertos comportamientos sean inofensivos pero para tu pareja una falta de respeto, además las personas que se permiten tontear son las que más celosas son, ellos lo pueden hacer, pero vigilan y juzgan a su pareja.

Si te pasa esto, ¿Qué hacer?

Debes poder decir sin agresividad pero con firmeza: “esto me incomoda”, “esto me hace daño”, “no quiero estar en una relación donde me siento así”.

El límite es una información clara sobre lo que uno necesita para sentirse respetado, solo tiene valor si va acompañado de coherencia, si expresas una incomodidad y después de eso, sigues tolerando lo mismo, lo anula de sentido. Por eso, en terapia trabajamos no solo la comunicación, sino también la autoestima y la capacidad de sostener decisiones incómodas.

Pregúntate “¿qué tipo de relación quiero construir?”, porque, al final, no se trata de prohibir el deseo o la interacción social, se trata de algo más profundo, de cuidar el vínculo y eso pasa por un ingrediente esencial que no debería negociarse: el respeto

Artículo escrito 16 mayo 2026 para El Progreso de Lugo

CONCILIACIÓN AMOROSA

CONCILIACIÓN AMOROSA 787 2283 AnaCastroLiz

Algunas relaciones no se rompen por falta de amor, sino por falta de tiempo y es algo que desgasta la armonía en pareja

En muchas zonas rurales de Lugo —y en tantos otros contextos— la vida no gira en torno al ocio, ni siquiera al descanso. Gira en torno al trabajo, ese que no entiende de horarios, de fines de semana ni de “muchas disponibilidades”. El trabajo que se tiene en casa acaba ocupándolo todo, quien convive con alguien que se dedica a la ganadería lo sabe bien, ¡las vacas no esperan!. No entienden de aniversarios, ni de planes improvisados, ni de domingos en la playa. Hay que ordeñar a diario y cuidar de los animales.

Muchas personas en consulta expresan esta misma idea con distintas palabras: “sí, sé que me quiere, pero nunca está disponible”, “entiendo su trabajo, pero yo también necesito algo más”, “parece que siempre soy yo quien se tiene que adaptar”.

Entonces es cuando aparece un punto clave en terapia, que pocas veces se aborda con honestidad: la empatía en pareja no puede ser unidireccional.

Es cierto que quien tiene un trabajo altamente demandante no siempre puede elegir hacer lo que le apetezca. Existe una realidad económica y responsabilidad que cumplir, y en muchos casos, una forma de vida y de desarrollar un trabajo, no se puede cambiar fácilmente. Pero también es cierto que quien está al otro lado, la pareja de alguien así, no puede vivir permanentemente en la renuncia emocional, ¿cómo se puede conciliar un tiempo de calidad juntos cuando tu profesión u oficio ocupa la mayor parte de tu día?.

Profesiones que no desconectan nunca

El que convive con alguien que vive del sector primario lo sabe bien: tanto la agricultura como la ganadería no permiten pausas, pero no es la única realidad.

También ocurre en:

  • Hostelería: con horarios eternos, y sin fines de semana libres
  • Personal sanitario: médicos, enfermería, auxiliares, urgencias, con guardias de 24h o 48h muy complicadas.
  • Fuerzas y cuerpos de seguridad: policía, guardia civil, rotaciones de jornadas de vivir situaciones intensas.
  • Transporte: camioneros, repartidores, que vienen a casa una vez a la semana agotados de tanto viajar
  • Marineros: donde a veces disfrutas de la pareja 1 mes al año.
  • Construcción: jornadas largas, de trabajo fisico y desplazamientos.
  • Autónomos en general: esos que no tienen horarios reales de entrada ni salida y pocas veces desconectan porque viven pegados al telefono.
  • Comercio: especialmente pequeños negocios familiares que abren cada día
  • Emergencias: protección civil, bomberos, viviendo al límite y con riesgo.
  • Turnos industriales: fábricas con rotación mañana/tarde/noche, que ya no saben en qué día viven.

En fin, seguro que algún sector se me escapa por nombrar, pero en todos ellos, no se habla solo de trabajar mucho, sino que también de laboress que absorben, invaden y condicionan la vida personal por completo, dejándote sin tiempo para tus hobbies, hijos y mucho menos poder disfrutar de una vida en pareja.

Workaholic

El problema no es solo el cansancio físico. Es la dificultad de sostener una vida compartida en pareja, y más si ambos miembros de la pareja no se dedican a lo mismo, ¿cuándo encuentran momentos para tener sexo?.

Una relación no se construye únicamente desde el compromiso o la responsabilidad, crece desde lo más cotidiano: poder tener conversaciones sin prisa, reírse a gusto, hacer planes, y también tener tiempo para aburrirse juntos, y cuando todo eso desaparece, empieza a aparecer la sensación de estar en pareja, sí, pero viviendo en soledad.

El adicto al trabajo, se le conoce como workaholic, si justifica constantemente que le es imposible trabajar de otro modo, que su tarea es insustituible, entonces el otro miembro de la pareja, deja pasar el tiempo, lo normaliza y el ritmo laboral acaba por dominar los tiempos de la vida personal de cada uno.

Pero ¿cómo diferenciar a una persona que trabaja mucho de un “adicto al trabajo”?

Un adicto al trabajo está atrapado por su interpretación de la realidad, se olvida de fechas importantes, festejos, o momentos de placer que se le pasan de largo, porque su trabajo es más importante.

Características de un Workaholic:

  • No sabe disfrutar del tiempo libre.
  • Posterga eventos importantes por “cumplir en el trabajo”.
  • Su narcisismo se expande hacia su vida profesional.
  • Tiene síndrome de abstinencia por trabajar, en vacaciones, no sabe “desconectar”.
  • Está siempre pendiente del reloj.
  • Imposible apagar el móvil o dejar de lado asuntos fuera del horario de trabajo.

de la lógica de su sacrificio.

La trampa: la comprensión infinita

Aquí aparece una idea peligrosa por parte de una pareja de una persona que tenga un trabajo absorbente: creer que amar es comprenderlo todo.

Sí, hay trabajos que no se pueden cambiar fácilmente, se tienen ciertas responsabilidades que cumplir, pero comprender no puede convertirse en anularse emocionalmente. Quien tiene una profesión muy exigente necesita comprensión, pero quien espera, quien se adapta, quien sostiene los espacios vacíos, también necesita ser visto, porque si no, la relación se acaba convirtiendo en un lugar donde uno resiste y el otro sobrevive. Hemos normalizado demasiado la idea de que amar implica renunciar, a planes y necesidades, aunque toda relación implica cesiones, no todas las renuncias son sanas.

¿Qué podemos hacer?

A veces no se trata de tener más horas en el día, sino de preguntarse qué lugar ocupa la pareja dentro de las que ya existen. De si hay un esfuerzo consciente por encontrarse, por cuidarse, por estar —aunque sea poco tiempo, pero de calidad—, el amor también necesita espacio.

Si te sientes reflejado en esta situación te preguntarás que puedes hacer para salvar tu relación, aquí te dejo unos pasos:

  1. Reconocer que tenéis un problema: el que trabaja mucho y el que necesita más tiempo con la pareja.
  2. Tomar conciencia del costo real de lo que os estáis perdiendo al no estar juntos.
  3. Adoptar medidas para limitar el trabajo a horarios razonables. Buscar soluciones.
  4. Pedir ayuda. Hacer terapia de pareja si solos no sois capaces de resolverlo.

La adicción al trabajo se sostiene en una serie de exigencias y mandatos familiares que suelen estar vinculados con la propia historia y con el lugar que cada uno ocupó en su familia. El trabajo nos ofrece economía, reconocimiento en el entorno personal y un lugar en la sociedad, pero cuando su sentido oculto es satisfacer exigencias internas sin fin ya no nos enriquece, sino todo lo contrario y te hace perder a personas que suman en tu vida.

Artículo escrito 18 abril 2026 para El Progreso de Lugo

AMORES DE CINE

AMORES DE CINE 780 2126 AnaCastroLiz

Las películas no solo entretienen, también han moldeado nuestra forma de entender las relaciones y el sexo

El 21 de marzo Lugo acoge los Premios Mestre Mateo, una celebración del talento del audiovisual gallego y sobre el poder que tienen las historias, que cuentan sobre todo quienes somos como sociedad. Cada película premiada es un retrato psicológico de cómo amamos, deseamos e imaginamos nuestras relaciones.

El cine es como un gran laboratorio emocional, donde observamos versiones dramatizadas de nuestras propias vidas. Nos reconocemos en los personajes que vemos en las películas o series, sufrimos con sus rupturas y celebramos sus reconciliaciones como si fueran casi asuntos propios. A veces salimos del cine pensando: “esto ya lo he vivido yo” y otras veces sales pensando: “ojalá esto lo viviera yo”.

En la pantalla se representa al amor como una fuerza irresistible que justifica casi cualquier comportamiento: reconciliaciones bajo la lluvia, declaraciones apasionadas en aeropuertos justo antes de tener que subir a tu vuelo, y todo esto es terriblemente emocionante y nos permite soñar.

Modelo Cultural

Las narrativas del cine, funcionan como auténticos guiones culturales, son como modelos simbólicos que influyen en la forma en que interpretamos nuestras propias relaciones. Si observamos historias donde los celos se confunden con pasión o el sacrificio, con profundidad emocional, no es extraño que muchas personas acaben pensando que amar implica necesariamente sufrir un poquito bastante.

En consulta, a veces aparece esta expectativa por parte de algún paciente: “si mi relación es tranquila, respetuosa y estable, quizá no cumpla esa expectativa de intensidad que se supone debe tener una pareja, no?”. El problema es que las historias que venden el cine necesitan conflicto para que la historia avance, mientras que la vida real suele existir algo menos de drama y esto genera ilusiones sobre lo que tienen que ser las relaciones muy desajustas con lo que se considera estabilidad.

Sexualidad

El cine también ha contribuido a construir nuestra educación sexual. Durante mucho tiempo el deseo aparecía en forma de miradas prolongadas, puertas que se cerraban y fundidos en negro muy inquietantes. Y las escenas de sexo reflejaban una vida íntima muy satisfactoria. Con el tiempo las escenas se hicieron más explícitas, aunque muchas de ellas siguieron transmitiendo una idea bastante desfigurada de cómo funcionan la atracción o las relaciones sexuales.

Estas representaciones influyen en las expectativas de muchas parejas. En la pantalla los encuentros suelen ser espontáneos, sincronizados y siempre apasionados. En la vida cotidiana, en cambio, la rutina rompe cualquier pasión, además no siempre llega acompañada de una buena banda sonora.

El problema aparece cuando la ficción se convierte en referencia obligatoria y algunas personas concluyen que, si su vida íntima no se parece a la de la pantalla, algo debe de estar fallando. Y lo único que falla es la comparación.

Simulador Emocional

Cuando vemos una escena —de miedo, amor, emoción o tristeza— nuestro cerebro no la procesa únicamente como una historia que observamos desde fuera. Las imágenes que aparecen en la pantalla activan mecanismos cerebrales muy similares a los que se pondrían en marcha si estuviéramos viviendo esa experiencia en primera persona. La neurociencia explica que el cerebro responde a las historias visuales como si fueran, en parte, experiencias reales.

Uno de los protagonistas de este proceso es la amígdala, que se activa especialmente ante estímulos que implican peligro, deseo, sorpresa o tristeza. Cuando en una película aparece —un beso esperado, una discusión, una amenaza o una despedida— esta región del cerebro se activa rápidamente y genera respuestas emocionales inmediatas, por eso una escena de miedo puede hacernos tensar el cuerpo, una escena romántica despertar ternura o una escena triste provocar un nudo en la garganta.

Otro mecanismo fundamental son las neuronas espejo, que permiten que nuestro cerebro reproduzca internamente las emociones que observamos en otras personas. Cuando vemos a alguien llorar, alegrarse o enamorarse en la pantalla, nuestro cerebro simula parcialmente esa misma emoción. Gracias a este sistema podemos empatizar con personajes ficticios y sentir sus alegrías o sus pérdidas como si fueran propias.

Nuestro cerebro sabe que se trata de ficción, pero aun así reacciona emocionalmente ante lo que ve. No solo vemos una historia, durante unos instantes, nuestro cerebro; la siente.

Cuando una escena nos emociona, nos sorprende o despierta nuestra curiosidad narrativa, el cerebro libera dopamina, un neurotransmisor relacionado con el placer, la motivación y la atención. Esta respuesta hace que queramos seguir viendo la historia y explica por qué ciertas series consiguen absorbernos tanto y esto actúa como una recompensa cerebral.

Esta capacidad de resonancia emocional es la que explica por qué nos implicamos tanto en las historias que vemos

Cambio de los Mitos del amor

En los últimos años, algo está cambiando. Las nuevas narrativas audiovisuales empiezan a cuestionar algunos mitos tradicionales del amor romántico. Aparecen historias donde las relaciones se construyen desde la negociación, la autonomía personal y el reconocimiento de la vulnerabilidad. Historias donde amar no significa desaparecer dentro del otro, sino aprender a convivir sin perder la propia identidad.

Las películas participan en la construcción de nuestra imaginación colectiva, los conflictos se resuelven en dos horas y los protagonistas siempre saben qué decir en el momento exacto.

En las relaciones reales, en cambio, los malentendidos duran más de lo previsto y nadie tiene un guionista escondido detrás del sofá para arreglar el diálogo. Aun así, ahí seguimos intentando entendernos, sin cámaras, sin focos y sin finales escritos, el amor real tiene algo que el cine nunca podrá reproducir del todo: que es pura realidad de improvisación cada día.

Artículo escrito 21 marzo 2026 para El Progreso de Lugo

THERIAN: Cuando la identidad se expresa a través de verse como un animal

THERIAN: Cuando la identidad se expresa a través de verse como un animal 780 2126 AnaCastroLiz

Claves psicológicas para comprender un fenómeno emergente entre adolescentes y jóvenes

En los últimos meses, el término therian ha comenzado a aparecer en redes sociales, centros educativos y conversaciones familiares, generando sorpresa, dudas e incluso preocupación.

Algunos jóvenes se identifican emocional o simbólicamente con un animal —lobo, gato, zorro u otros— y expresan esa vivencia como parte de su identidad personal.

Más allá del impacto mediático o de la caricaturización habitual en internet, el fenómeno merece una lectura rigurosa desde la psicología. Hasta para mí ha sido un campo por novedoso por descubrir después de casi 30 años como psicóloga, cuando en los últimos meses he recibido sobre todo a más de un paciente a mí consulta comentándome cómo deberían de comportarse con sus hijos que decían ser un: perro o gato .

No estamos ante una simple moda ni necesariamente ante un trastorno mental, sino ante una forma contemporánea de construcción identitaria que requiere comprensión profesional y mirada clínica matizada.

Antes de nada empecemos por comprender el término.

¿Qué significa ser therian?

Una persona therian describe experimentar una conexión interna profunda con un animal no humano. Es importante aclarar algo fundamental: la mayoría no cree literalmente ser un animal desde un punto de vista biológico. La vivencia se sitúa más bien en el plano psicológico y simbólico.

El animal funciona como una representación interna que ayuda a explicar cómo la persona se percibe emocionalmente: independiente como un felino, protector como un lobo o sensible como un ciervo. Se trata, por tanto, de una narrativa identitaria más que de una pérdida de contacto con la realidad.

Diferenciar esto resulta esencial para evitar diagnósticos precipitados.

Identidad en la era digital

Para comprender el fenómeno therian es necesario situarlo en su contexto cultural. Nunca antes en la historia había existido un espacio global donde experiencias subjetivas minoritarias pudieran encontrarse, nombrarse y validarse colectivamente.

Internet no crea la vivencia, pero sí le da lenguaje y comunidad.

La adolescencia y la juventud temprana son etapas evolutivas centradas en una pregunta esencial: ¿quién soy? Tradicionalmente, la identidad se construía a partir de roles familiares, sociales o profesionales relativamente estables. Hoy, en cambio, las identidades se exploran de manera más abierta, flexible y experimental.

El fenómeno therian puede entenderse como una expresión de esta búsqueda.

La función psicológica del símbolo animal

Desde una perspectiva psicológica, el animal suele cumplir funciones significativas:

  1. Organización del autoconcepto

El símbolo animal permite integrar emociones difíciles de nombrar. El joven encuentra una imagen coherente que explica su forma de sentir o relacionarse.

  1. Regulación emocional

El animal puede representar fortaleza, refugio o protección ante experiencias de vulnerabilidad, ansiedad o sensación de diferencia.

  1. Sentido de pertenencia

Las comunidades online ofrecen reconocimiento y validación, algo especialmente relevante en personas que se han sentido incomprendidas o fuera de norma.

En este sentido, la identidad therian puede funcionar como un lenguaje psicológico más que como un síntoma clínico.

¿Debemos considerarlo un problema de salud mental?

La respuesta profesional no admite simplificaciones.

No constituye necesariamente un trastorno cuando:

  • la persona mantiene conciencia de la realidad,
  • conserva funcionamiento social y académico,
  • la identidad no genera sufrimiento significativo,
  • se vive como expresión simbólica o exploratoria.

Sin embargo, sí puede requerir atención clínica cuando aparece aislamiento extremo, rechazo intenso del propio cuerpo humano o cuando la identidad actúa como mecanismo de evitación frente a malestar emocional profundo.

El objetivo terapéutico no debería centrarse en eliminar la identidad, sino en comprender qué necesidad psicológica está intentando expresar.

El error del alarmismo

Una reacción frecuente de adultos y medios es oscilar entre la burla y la alarma moral. Ambas respuestas suelen ser contraproducentes.

Ridiculizar refuerza el sentimiento de incomprensión.

Patologizar sin evaluación clínica genera estigmatización.

La intervención psicológica eficaz parte de una actitud distinta: curiosidad, escucha y exploración del significado personal.

La pregunta clínica relevante no es “por qué quieres ser un animal”, sino “qué representa ese animal para ti”.

Lo que este fenómeno nos enseña como sociedad 

Más allá del debate social, el fenómeno therian refleja una realidad más amplia: las nuevas generaciones buscan lenguajes simbólicos para explicar su experiencia emocional en un mundo cada vez más complejo e incierto.

La identidad humana siempre ha utilizado metáforas —mitos, arquetipos, personajes— para comprenderse. Hoy, esas metáforas adoptan formas nuevas mediadas por la cultura digital.

Comprender no significa validar acríticamente ni tampoco rechazar de forma automática. Significa ejercer una mirada psicológica capaz de diferenciar entre diversidad identitaria y sufrimiento clínico.

Tal vez la cuestión no sea si algunos jóvenes se identifican con animales, sino qué nos revela este fenómeno sobre necesidades universales: pertenecer, sentirse reconocido y construir una narrativa coherente sobre quién se es.

Y, como ocurre con muchos cambios culturales, la tarea de la psicología no consiste en juzgar la forma que adopta la identidad, sino en acompañar el proceso humano que siempre hay detrás de ella.

Artículo escrito 28 febrero 2026 para El Progreso de Lugo

SAN VALENTIN ¿ES UNIVERSAL?

SAN VALENTIN ¿ES UNIVERSAL? 780 2126 AnaCastroLiz

¿Por qué se celebra el Día de los Enamorados? Descubre los distintos significados que se le otorga a esta fecha en todo el mundo

El 14 de febrero se celebra el día de San Valentín, debido a que un sacerdote cristiano del siglo III Valentín, arriesgó su vida casando en secreto a parejas de enamorados, el Emperador Claudio II lo había prohibido, fue ejecutado por esas acciones el 14 febrero del 269, de ahí la asociación de ese día a las parejas. Millones de personas en todo el mundo celebran el día del AMOR pero no de la misma forma. Flores, cenas, mensajes románticos y promesas eternas parecen formar parte de un mismo guion universal, pero el amor se festeja de formas distintas en todo el mundo.

¿De dónde viene el espíritu comercial de esta festividad? Efectivamente, de Estados Unidos, en la década de 1840, Esther A. Howland, una joven estadounidense, puso de moda la venta de tarjetas de San Valentín con dibujos y motivos románticos en la papelería de su padre.

Este Día se celebra sobre todo en Europa, América, Asia y Oceanía, aunque con enfoques muy distintos según la cultura local. En España, Estados Unidos, Francia o Italia, el 14 de febrero está claramente ligado al romanticismo y a los gestos entre parejas. Sin embargo, en otros lugares la festividad ha evolucionado para incluir también la amistad, la familia o incluso el humor.

Japón: el Cho-Giri Choko

Las mujeres regalan chocolate a los hombres, el Cho-Giri Choko, se entrega por compromiso o cortesía social, sin implicar sentimientos románticos, suele regalarse a compañeros de trabajo o conocidos. Un mes después, durante el White Day (14 de marzo), algunos hombres devuelven el gesto con otros regalos.

Brasil: Día dos Namorados

Es el 12 de junio, víspera del día de San Antonio, conocido popularmente como el santo de los matrimonios. Las parejas intercambian regalos, escriben mensajes románticos y disfrutan de cenas especiales.

Croacia: bizcochos de corazón

La tradición son los bizcochos con forma de corazón, elaborados con miel y especias, destacan por su colorido y decoración artesanal.  Incluyen mensajes románticos e incluso pequeños espejos en el centro. El gesto representa que la persona amada ocupa un lugar permanente en el corazón de quien regala el dulce.

Dinamarca: flores de nieve

Regalan flores de nieve, pequeñas flores blancas que simbolizan la llegada de sentimientos puros y sinceros. Envían cartas anónimas con versos o mensajes ingeniosos. Estas notas juegan con el misterio y el humor, y si el destinatario adivina quién es el remitente, puede recibir un pequeño regalo más adelante.

Estados Unidos: intercambio de tarjetas

El intercambio de tarjetas tanto entre enamorados como entre amigos, familiares e incluso compañeros de clase o trabajo, son acompañadas de mensajes cariñosos y pequeños regalos como chocolates o flores. En las escuelas, los niños también participan activamente.

Alemania: cerditos de regalo

El amor se representa con cerditos de chocolate. Estos animales simbolizan la buena suerte y el deseo, por lo que es habitual regalarlos en forma de figuras, dulces o peluches durante San Valentín, también intercambian las parejas, flores y chocolates, siguiendo una línea más clásica.

Corea del Sur: el día negro

En Corea del Sur, San Valentín forma parte de una serie de celebraciones que tras el 14 de febrero y el White Day en marzo, llega el Día Negro, el 14 de abril. Esta fecha está dedicada a las personas solteras. Durante el Día Negro, quienes no han recibido regalos se reúnen para comer jajangmyeon, un plato de fideos con salsa negra.

Gales: la cuchara del amor

En Gales, la celebración se conoce como el Día de San Dwynwen, que se celebra el 25 de enero. Una de sus tradiciones más antiguas es regalar la cuchara del amor, tallada a mano en madera. Estas cucharas pueden representar compromiso, apoyo, amistad o el deseo de construir una vida juntos. Muestra de dedicación y tiempo invertido.

Francia

Aquí San Valentín se vive con discreción. Cartas, pequeños detalles y encuentros íntimos pesan más que los grandes regalos, es prioridad la intimidad emocional.

Latinoamérica

En México o Colombia se celebra el “Día del Amor y la Amistad”. Reconoce que el afecto no es solo romántico. Bolivia se celebra el 21 de septiembre, porque coincide con el día de la primavera, y día del estudiante. Se organizan reuniones con amigos, salidas en grupo y detalles entre amistades. El 14 de febrero no es la fecha principal.

Finlandia y Estonia

Celebra el Día del Amigo. Allí nadie se siente fuera del sistema por no tener pareja. Existe menos frustración y más equilibrio emocional.

China

Existe el Qixi, una festividad basada en una leyenda de amantes separados por el destino. Se celebra el amor paciente, el que persevera. En tiempos donde todo es rápido y desechable, este enfoque nos recuerda que los vínculos necesitan tiempo.

¿Qué países no celebran el Día de San Valentín?

En países de Oriente Medio o Asia, la celebración no forma parte de la cultura local debido a motivos religiosos o sociales, aquí el amor se expresa en otras fechas o de maneras distintas.

En Egipto es el 4 de noviembre y en Israel celebran el “Tu Be Ay” el 30 de julio, el día del amor judío. En Pakistán, está prohibido celebrar San Valentín desde 2016, en Malasia desde 2005 y en Irán tampoco se puede celebrar.

¿Es el día en el que más se ama o discute?

Todas estas formas de celebrar el amor responden a una necesidad común: sentirnos elegidos, valorados y conectados. El problema surge cuando convertimos San Valentín en una prueba y pensamos: “si no hace esto por mí, no me quiere”. ¡Ahí comienzan las discusiones!.

Muchas parejas discuten más en febrero que en todo el año, ¿el motivo? Tener falsas expectativas, no hablar de lo que se quiere y dar por hecho que te van a sorprender, si uno quiere pasión o sexo, y el otro una cena romántica y nadie lo expresa, luego vienen las peleas y las terapias de pareja para resolver esas crisis.

San Valentín también invita al encuentro íntimo, comprarse: lencería nueva, ir a hoteles con encanto, cenas románticas, pero conviene recordar algo: el deseo no solo se activa por calendario, se activa por conexión, complicidad y cuidado emocional.

¡No existe un afrodisíaco más potente que sentirse escuchado!

El amor no entiende de fronteras, pero sí de contextos. Cada cultura lo expresa a su manera, y todas pueden enseñarnos algo. Quizá el mejor San Valentín no sea el más caro ni el más perfecto, sino el más auténtico: aquel en el que nos sentimos libres para amar a nuestra manera, al final, el verdadero regalo no cabe en una caja: es la tranquilidad de saber que somos importantes para alguien.

Artículo escrito 14 Febrero 2026 para El Progreso de Lugo

LA OTRA “PRIMERA VEZ”

LA OTRA “PRIMERA VEZ” 780 2126 AnaCastroLiz

Cómo volver a tener vida sexual tras una larga temporada de sequía 

Cuando tienes actividad física con frecuencia, tu cuerpo se llena de endorfinas, pero si dejas de hacerlo un tiempo prolongado, te da pereza empezar a coger la rutina, pues lo mismo pasa con el sexo.  

¿Qué le sucede a tu cuerpo y mente cuando atraviesas un periodo considerablemente largo e involuntario de celibato sexual? ¿De esos que duran 1 año o algo más? Un periodo largo sin vida erótica ¿te convierte en un ser puro angelical, casi con vida monacal y hace que toda tu energía se enfoque en realizar otro tipo de tareas? 

Si te separas, mientras que lo superas y te pones al día en esto de volver al mercado sentimental, te lleva un proceso eso de querer volver a relacionarte sentimentalmente, sobre todo si temes sufrir algún trauma. Seguramente has atravesado alguna vez a lo largo de tu vida alguna “sequía sexual” vengas de tener una relación larga o lleves tiempo soltero y seguramente ciertas dudas salgan a relucir: “¿será que me volví virgen nuevamente?”, “¿me va a doler cuando vuelva a tener sexo?”, “¿y si ya me olvidé de como se hacía?”. 

Las que más padecen este tipo de periodo de inanición, suelen ser las mujeres que han tenido solo una pareja sexual en su vida, al tener un largo matrimonio, con edades sobre los 60 años, o personas que son más tímidas para relacionarse, o que han tenido experiencias traumáticas en sus relaciones de pareja, también les sucede a aquellos solteros que no encuentran lo que buscan y su nivel de exigencia sea difícil de cubrir y se pasan a ser asexuales. 

Existen muchos mitos falsos en cuanto a qué esperar cuando se retoma la actividad sexual después de un periodo de sequía y más cuando pasas de cierta edad y en este artículo intentaré dar luz a ellos. 

¿Cuánto tiempo hace?  

Una vez que has analizado y considerado el tiempo que llevas sin tener vida sexual, no lo compares con las personas que conoces, ya que cada uno vive sus circunstancias y no son las mismas. Sabemos que tener vida sexual, aunque sea solo contigo mismo tiene sus beneficios: 

  • Ayuda a conciliar el sueño. 
  • Regula el estrés, la ansiedad y la depresión. 
  • Alivia ciertos dolores.  
  • Refuerzan el sistema inmunológico. 
  • Los tejidos del pene, la vulva y la vagina se benefician con la excitación porque se llenan de sangre que transporta diversos factores estimulantes del crecimiento y salud de dichos tejidos. 
  • La excitación, ayuda al sistema cardiorrespiratorio. 
  • La respuesta sexual ‘deseo, excitación y orgasmo’ liberan un número alto de neurotransmisores, hormonas y sustancias que estimulan el funcionamiento cerebral y nos conectan con un estado emocional eufórico, profundo y muy distinto a cualquier otra actividad que tengas en tu día a día. 

Pero no tener vida sexual tampoco tiene porque tener inconvenientes, y mucho menos ser nefasto para la salud, así que no te alarmes ni estreses buscando a quien sea con tal de que te quite el gafe de encima. 

¿Es posible “olvidarse” de cómo era hacerlo? 

Retomar la actividad sexual con una nueva persona después de un tiempo significativo puede generar muchas dudas, pero si algo te ha gustado en el pasado y te ha dado placer, eso no se olvida, es como lo de montar en bicicleta ¿recuerdas? 

Es lógico que se sienta cierta ansiedad en un primer encuentro íntimo, una mujer puede notar que no tenga la lubricación suficiente e incluso experimente dolor en la penetración o le cueste llegar al orgasmo, y en el caso de los hombres puede tener una eyaculación antes de lo deseado, o no conseguir una potente erección, pero con paciencia y cariño esto se supera, si se mantienen en el tiempo, es cuando se debe acudir al sexólogo, pero todo es solucionable. 

Lo importante es enfrentarse a ese primer momento con certeza de lo que quieres hacer, es válido mostrarse sensible y vulnerable. 

Autoestimulación 

Algunos pueden sentirse muy inseguros y nerviosos al reiniciar la vida sexual y más si te coge todo esto en plena menopausia (en el caso de las mujeres). Verdaderamente si has pasado algún tiempo inactiva, no puedes pretender reiniciar tu actividad sexual como cuando eras en tu etapa más actualizada o como a los 20 años, y como cualquier otra rutina, todo debe pasar un proceso de reajuste con mucha delicadeza. 

El “sexo casual” no es una buena opción, así de primeras y menos si no conoces mucho a tu compañero sexual. Es vital dar cabida a los preliminares, alargar más de lo habitual el juego previo a fin de mejorar la excitación y permitir que ocurran los cambios fisiológicos que se producen en el área genital, que seguro responde igual de bien que siempre. El hecho de tener pensamientos negativos, que hagan que estés desconectado del momento presente, disminuyen la excitación y la respuesta sexual. 

Algo que, recomiendo como sexóloga, es auto estimularse (masturbarse) de vez en cuando, y utilizar juguetes sexuales, ya que pueden ser un gran aliado para preparar el terreno a la hora de luego volver a tener una pareja sexual, pero solo si te apetece y nunca hacerlo forzado. 

Tips para Actualizarte sin Miedos 

Algunos consejos que pueden ayudarte en esta nueva etapa son: 

1) Comunica a tu nueva pareja, lo que sientes,  y lo que necesitas para retomar la vida sexual, es importante que conozcas bien a la persona con la que te estas relacionando y ver si encajáis con vuestras expectativas. 

2) No intentes ser quien no eres, está bien querer agradar, pero da prioridad a tus necesidades, eso te dará amor propio, ¡activa tu vida sexual cuando te sientas verdaderamente preparado!. 

3) No compares con otros momentos de tu vida íntima ni sexual porque tú ahora eres otra persona. Con el tiempo y paciencia os iréis conociendo más y todo puede mejorar. 

4) Resetéate de lo vivido a nivel sentimental y concéntrate en lo que eres y quieres ahora en tu vida, el sexo puede empezar a tener otro sentido. 

5) Disfruta de todo tu cuerpo, no centralices todo en el coito ni en que debas conseguir un número determinado de orgasmos, es más importante que te sientas cómodo con la persona que eliges como nueva pareja, conéctate más allá de lo físico. 

Artículo escrito sábado 24 Enero 2026 para El Progreso de Lugo

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