CORRESPONSABILIDAD

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Cuando uno descansa lo que quiere y el otro sostiene la familia, porque no queda más remedio

La incorporación de las mujeres en el mundo laboral fue un hecho histórico que fomentó un cambio de roles y el descubrimiento del concepto de corresponsabilidad. Hace muchos años la mujer tenía a su cargo criar a los hijos, casi en exclusividad mientras que el hombre se encargaba de las tareas productivas, parece que queda todo en el prehistórico, que era así, cada uno tenía muy marcados sus roles y no solían existir conflictos domésticos que hoy en día reinan entre la mayoría de las parejas. Y, aunque han pasado unas cuantas décadas, en terapia de pareja, sigue escuchándose la queja de: la mujer sigue a cargo de las tareas domésticas y del cuidado de las personas que conviven con ambos, en muchos casos.

Corresponsabilidad significa la distribución equitativa, equilibrada y funcional de las responsabilidades personales, familiares y laborales. Esto implica planificar, organizar y realizar de forma igualada las tareas domésticas, cuidar de las personas a cargo y del trabajo remunerado, así como compartir la carga mental de todo ello.

También implica la negociación de quién hará ciertas tareas, no solo se trata de cocinar o limpiar la casa, sino que también planear el menú semanal, mirar qué falta y hacer la lista de la compra con los productos que se necesitan, entre muchas otras cosas, etc.

Cuando uno no hace nada

Hay parejas que llegan a consulta hablando de falta de comunicación o de pérdida de deseo. Pero, cuando empezamos a profundizar, aparece algo mucho más cotidiano: uno de los dos siente que lleva demasiado tiempo sosteniendo prácticamente solo la vida familiar.

No siempre se trata de que el otro «no haga nada», seguramente tenga un trabajo muy demandante y colabora con determinadas tareas o incluso considera que está haciendo su parte a la perfección. El problema aparece cuando la responsabilidad de: pensar y organizar, anticipar y hacerse cargo de la vida cotidiana recae de manera habitual sobre una sola persona, tenga el sexo que tenga cada uno, porque sucede en parejas de homosexuales también.

Corresponsabilidad no significa que cada miembro de la pareja haga exactamente el 50 % de las tareas todos los días, la vida no funciona así. Hay momentos en los que uno puede estar más ocupado, enfermo, cansado o tener una mayor carga laboral, lo interesante no es conseguir una igualdad matemática perfecta, sino que exista una sensación de equipo, compromiso y reparto justo de las responsabilidades.

El problema surge cuando esa desigualdad deja de ser puntual y se convierte en una forma de funcionamiento habitual y eterno en la dinámica de esa pareja.

Diferencias razonables

Imaginemos una pareja con un hijo pequeño, donde ambos trabajan, cuando termina la jornada laboral, uno piensa en ir al gimnasio, jugar al pádel, entrenar, quedar con amigos o simplemente tener un rato para sí mismo. La otra persona, sin embargo, termina su jornada laboral y comienza otra: recoger al niño, preparar la cena, pensar qué necesita para el día siguiente, organizar los baños, preparar la ropa, revisar horarios, hacer compras, recordar citas y encargarse de las rutinas.

Los dos han terminado de trabajar cierto, pero solo uno ha terminado de trabajar y desconecta de todo, ahí radica toda la diferencia.

Porque la carga familiar no está formada únicamente por las tareas que hacemos físicamente, también existe una carga mental mucho más invisible: saber qué hay que hacer, anticiparse a lo que necesitarán los demás y asegurarse de que finalmente se haga.

No se trata de “ayudar”

Cuando una persona dice: “es que, si me lo pide, yo lo hago”, quizá no está comprendiendo el problema. Si una persona tiene que recordar constantemente a la otra qué debe hacer, cuándo y cómo, ocupa el lugar de quien gestiona la familia como si fuera un padre o madre de todo el sistema familiar.

La casa no es de uno y el otro ayuda, la familia es una responsabilidad compartida.

Y hay otro aspecto que considero especialmente importante que es el reparto del tiempo libre. Cuando llegan los hijos, el tiempo disponible cambia. No significa que dejemos de tener derecho al ocio, al deporte, a los amigos o a nuestros hobbies sino que se debe cuidar nuestro propio espacio.

Pero ese derecho tiene que ser compatible con las responsabilidades familiares.

Si uno puede disponer espontáneamente de varias tardes a la semana para hacer deporte porque da por hecho que el otro se ocupará del niño, mientras la otra persona apenas puede tener una hora para sí misma porque antes tiene que garantizar que todo esté organizado, no estamos ante una diferencia de aficiones. Estamos ante una desigualdad en el acceso al descanso y una conducta muy egocéntrica por parte de uno de los dos.

Consecuencias

Quien sostiene durante mucho tiempo la mayor parte de las responsabilidades puede empezar sintiéndose cansado, después puede aparecer la frustración, más tarde, el resentimiento y hasta dejar de desear a su pareja.

Y cuando una persona siente que su pareja no está a su lado como compañero, sino que se ha convertido en otra persona de la que también tiene que hacerse cargo, como si fuera un hijo más, algo en el vínculo empieza a deteriorarse.

En consulta, a veces se escucha: “No quiero pedirle nada más, ya”, detrás de esta frase que dice uno sobre el otro miembro de la pareja, puede haber años de sentir que pedir, recordar, negociar y reclamar también forma parte de la carga y es una sobrecarga y anuncia el fin de una relación.

¿Existe solución?

Por eso, trabajar la corresponsabilidad no consiste simplemente en hacer una lista de tareas y repartirlas, así sin más, es necesario cambiar la mirada, pasar de: “¿qué me toca hacer?” a “¿qué necesitamos como familia y cómo podemos sostener las responsabilidades entre los dos?”.

También es importante que ambos puedan disponer de tiempo personal, no necesariamente el mismo número de horas cada día, pero sí un espacio razonablemente equilibrado para descansar, disfrutar y desconectar, y favorecer cada uno a que esto pueda ser así.

La solución no siempre es sencilla, especialmente cuando la desigualdad lleva mucho tiempo instalada. Pero comenzar por algo tan básico como empezar a poner sobre la mesa y organizar todo aquello que sostiene la vida cotidiana: necesidades propias y compartidas, tareas visibles, tareas invisibles, responsabilidades, horarios, cuidados y tiempo de ocio.

Después hay que hablar, no desde la acusación, sino desde la responsabilidad:

“Esto es lo que está ocurriendo…”,

“Así me estoy sintiendo…”,

 “Necesito que encontremos otra manera de funcionar…”».

Porque una pareja no debería funcionar como una persona que organiza y otra que ejecuta, tampoco como una persona que cuida y otra que «ayuda». Una pareja debería poder sentirse “un equipo”.

Una de las preguntas más importantes que podemos hacernos si nos encontramos frente a este problema es:

  • ¿Estamos repartiendo solamente las tareas o estamos compartiendo realmente con amor la responsabilidad de nuestra vida?

La diferencia de respuesta puede cambiar por completo la forma de vivir una relación.

Artículo escrito 18 septiembre 2026 para El Progreso de Lugo

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