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LOS FOTO-PAJEROS

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¿Es moralmente incorrecto masturbarse al deleitarse con la foto de alguien ajeno a tu vida por Instagram?

Exhibir fotos por las redes sociales, mostrando “partes del cuerpo” que en tiempos pasados podrían ser censurables, hoy en día, están de lo más normalizas, convirtiendo de esta manera a cualquier mortal, en un protagonista de una portada del VOGUE particular, en su perfil social, sin necesitar ser un famoso. Lucir “cacho” te sube la autoestima hasta el cielo y más allá.

Los más tímidos, ya sea por tener unos determinados principios o por temer las críticas de los que se asoman a sus redes sociales, pueden ser los más reservados a la hora de enseñar, pero eso no quiere decir que no participen en todo esto de la imagen que se expone en Instagram. Son los protagonistas de este artículo por ser anónimos, y por pasar desapercibidos, además saben apreciar la belleza como nadie. Los “voyeristas” de las redes sociales, saben analizar las fotos de los demás con absoluta diseminación, por envidiar la valentía de los que se muestran o por querer copiar esa estética pero la realidad es que muchos son unos “foto-pajeros”, les encanta masturbarse espiando a personas súper- guapas.

¿Cuándo un simple mirón se convierte en voyeur?

El voyeur se caracteriza por la contemplación de personas desnudas o manteniendo relaciones sexuales, consiguiendo así una excitación, que puede terminar en masturbación inmediata (o más tarde, al recordar dicha escena). El riesgo de ser descubiertos actúa, a menudo, como un catalizador de la excitación. En estos tiempos que vivimos, con miles de estímulos por todas partes, los voyeurs del siglo XXI se excitan con una cara anónima, con que lleves puesta ropa sugerente, o como si vas totalmente vestido, y eso no tiene que ser prejudicial, al contrario, es maravilloso poder contemplar belleza en detalles que para muchos otros pueda pasar desapercibido.

El problema surge cuando, esa conducta es compulsiva y que solo consigue dicha excitación por tener sexo de esta manera: observando o añadiendo en su imaginación lo que falta en la escena y eso es lo que se considera un trastorno parafílico. Lo patológico surge cuando este comportamiento se convierte en la actividad más importante de cada día, queriendo hacerlo cada vez más y necesitando más estímulos para poder ser saciado, de forma muy frecuente, o si esa actividad es interrumpida por lo que sea, y el voyeur se comporta ansioso, deprimido y con pensamientos obsesivos, sobre cuando poder hacerlo de nuevo.

 

El problema surge cuando, solo se consigue excitación esta manera

 

Las redes de la lujuria

En los 90 se usaban revistas o pelis porno para conseguir pasar un buen rato a solas con tu “cinco a uno”, en los 2000 comenzaron los chats privados más “hots”, en el 2010 comenzó la especialización de páginas web y miles de peliculas para adultos con todo tipo de temáticas, esa misma libertad, se ha vuelto simple y a partir de este 2020 puede dar autoplacer solo mirar fotos; de tu vecina, conocida o de alguien accesible que puedas terminar conociendo, y sin que existan los remordimientos de gastar en otro tipo de aplicaciones o servicios que requieran un coste o implicación emocional.

Quizás puedas llegar a sentir remordimientos si conoces a esa persona, o si es la novia de un amigo, pero lo destacable de esta práctica es que cada vez existe menos sentimiento de culpa a la hora de ejecutar un acto erótico con el perfil de alguien, incluso atreviéndose a decírselo a esa persona, generando mucho más morbo y placer en poder expresar lo que deseas.

La incorrecta educación sexual (o falta de ella) a la que estuvieron sometidos los varones criados de los años 80 hacia décadas anteriores, contrarresta con la socialización, normalización y liberación de poder expresar hoy en día que masturbarse es sano.

Tanto perfiles públicos como de personas desconocidas, están sirviendo a todo tipo de foto-pajeros para alegrarles el día y sin tan siquiera caer en la cuenta del buen rato que hacen pasar por tan solo una simple mueca que han puesto, por su sonrisa pícara o una pose determinada.

 

El morbo es un lenguaje muy particular que cada uno interpreta según sus creencias eróticas

 

Preferencias mundo del Látex

Las fotos que más impacto dejan en la mente de un posible voyeur, suelen ser las de las vacaciones, porque se luce con menos ropa: con los bikinis y bañadores. Para un foto-pajero es fácil buscar perfiles de personas que viajan mucho o que solo cuelgan fotos de sus momentos de ocio, ya que ese escenario les excita más, metidos en faena (de masturbación) suelen alternar con otro tipo de imágenes o escenas que buscan por internet más explicitas o relacionadas con la pornografía y a partir de ahí, lo pasan en grande.

Cualquiera puede ser una víctima de este “mano a mano”, con mostrar un canalillo, llevar vaqueros o leggins que marquen. El caso es que el voyeur, se imagina vivir situaciones eróticas con esas personas, como será tocarlas, besarlas o tener sexo con ellas/ellos, etc.

El sentimiento de culpa

La conducta del voyeur es desadaptativa, suele reconocer que lo que hace, no está del todo bien ya que, si tiene pareja, puede sentir que le es infiel si busca estímulos sexuales ajenos a su relación.

A un foto-pajero, le es difícil poner fin a dicha conducta, cuando se acostumbra a funcionar solo con su imaginación y mente, desconecta de lo que pueda sentir su cuerpo o escuchar sus emociones, suele generar ideas donde se auto justifica para así reducir su sentimiento de culpa y buscar coherencia con sus actos.

¿Tiene solución este comportamiento? ¿Se debe dejar de hacer?

Es importante identificar las disociaciones que establece al realizar este comportamiento para superar ese sentimiento de culpa “encubierto” que padece, profundizar en las fantasías encubiertas, madurar conceptos sobre las relaciones sexuales y de pareja, aspectos entre otros muchos de la personalidad adictiva que se trabajan profundamente en una terapia psicológica.

 

Articulo 16 enero 2021 para El Progreso de Lugo

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