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LAS MUJERES CELTAS

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Eran damas socialmente influyentes, con suficiente autonomía para combatir y dirigir tropas en batalla

La sociedad celta se caracterizaba por ser matriarcal. Las mujeres celtas, podían ejercer muchas profesiones: abogadas, juezas, llegaron a ocupar cargos como embajadoras, convirtiéndose en negociadoras durante conflictos muy importantes. A diferencia de otras sociedades de la época, las mujeres de esta cultura gozaban de mayores consideraciones que en el caso de las romanas, por ejemplo. Desde su infancia, eran criadas de igual forma que los hombres, se les impartían conocimientos acerca de cómo manejarse con las emociones, el amor y la guerra.

El pueblo celta consideraba a la mujer como una igual, como una diosa, a la que se debía adorar por engendrar vida. Jugaban un papel destacado dentro de la sociedad, donde incluso llegaban a luchar junto a los hombres contra su enemigo común: el Imperio Romano.

A finales de junio las calles de Lucus Augusti estarán repletos de hermosas celtas, druidas, guerreras y castrexas, que vendrán a conquistar el ARDE LUCUS con su belleza y sabiduría.

Cómo eran educadas las Mujeres Celtas Guerreras

Según las reseñas históricas de las mujeres celtas desde niñas se les educaba a través de lecciones para establecer y fortificar su autoestima.

Sus principales enseñanzas son:

-Ama a tu esposo y apóyalo, pero solo si ambos configuran lo que la Diosa madre instruyó: Amor, amistad y compañerismo.

-Realiza lo que realmente deseas y quieres, ya que todos los sentimientos y emociones son valorados.

La palabra celta proviene del siglo XVIII, desde la edad de hierro, para identificar a la gente que vivían principalmente en los países de Irlanda, Escocia, Inglaterra y Gales. Las personas que vivían en ciudades amuralladas, se les denominaba por los griegos como Keltoi o gente oscura

Familia y Matrimonio

El concepto de familia entre los celtas era muy distinto al que tenemos en la actualidad. Una celta, podía elegir su compañero de vida sin ser nunca forzada a tener una relación con la que no estaban de acuerdo. Podían elegir libremente a sus esposos desde la edad de los 12 años. El ritual consiste en que la joven ofrecía al chico agua para lavarle las manos, esto significaba que ya estaban casados. El tema sexual no era considerado tabú, ni pecado y dentro de las responsabilidades del hogar podían desempeñarse como guerreras, amas de casa, amazonas y hasta brujas.

La mujer al casarse no pasa a ser parte de la familia del marido, sino que sigue siendo parte de su antiguo clan, y el marido paga una especie de compensación a la familia por llevársela, nada que ver con lo que sucede en el mundo romano, donde la mujer o pertenecía a su padre o a su esposo. Los hijos de este matrimonio heredan los bienes de la familia de la madre. En la realeza pasaba lo mismo. Los hijos heredan la soberanía por parte de madre, o de un tío materno.

Los matrimonios eran un contrato de convivencia

El divorcio

La mujer celta podía divorciarse en estos casos:

• Si él la pegaba o se había vuelto violento.

• Si él se iba con otra mujer, ella tenía el derecho a quedarse con la casa y los enseres que había dentro.

• Si él había mentido o hecho burlas a costa de ella, si la había engañado para que se casara con él y se demostraban las mentiras,

• Si el marido era impotente o estaba tan obeso que no podía tener sexo, o

• Si se demostraba que era homosexual o no podía engendrar hijos.

Lo cierto es que quienes solicitaban más el divorcio eran los hombres, o al menos eso se deduce de las fuentes. No había trámites legales, si se daba un simple acuerdo entre ambos. En el momento de la separación la mujer recuperaba los bienes personales y su parte de los gananciales. Con ello se evitaba el perjuicio a la mujer. Después del divorcio la mujer seguía ocupando el papel que tenía antes de casarse en su antigua familia. Los hijos Las descendencias de las mujeres celtas fueron criadas a través de principios de igualdad de derechos, frente a la figura del hombre.

En principio los hijos pertenecían a la familia del padre, algo que les protegía ya que les daba el soporte de la solidaridad familiar en caso de verse en situación de desamparo.

Los hijos podían heredar de padre y de madre y las hijas no eran descartadas de la línea sucesoria en ningún caso. Los niños huérfanos pasaban a cargo de las mujeres de la familia, que se ocupan solidariamente de ellos, como si fueran sus tías. Seguramente eran más discriminadas las campesinas que las hijas de nobles, pero en derechos y preparación cultural se las amparaba a ambas.

Frases de Trasmisión de Conocimiento

Existen diversas frases que fueron dadas a las mujeres a través de la cultura celta, que para ellas eran como su guía y sacramento, resaltando las siguientes:

• No dejes que ningún hombre te someta o esclavice: eres libre.

• No dejes que tu corazón padezca sufrimiento en nombre del amor: el amor implica felicidad, no tristeza.

• Tu cuerpo es el templo de tu espíritu, nunca lo aprisiones.

• No gastes el tiempo esperando a alguien que no lo hará por ti.

• No permitas gritos de ninguna persona.

• Haz tus sueños realidad.

• No dejes que tus pies anden en sentidos de un hombre que huye de ti.

• No te pongas bella por fuera para agradar a un hombre que no conozca tu belleza interior.

• Ya eres hermosa tal cual cómo eres.

Símbolos celtas

El principal símbolo que representa a las mujeres Celtas es la triqueta, significa: protección vinculada a la fertilidad. Es un símbolo lunar, que se asocia a poderes psíquicos como la clarividencia y la intuición, por ser un símbolo relacionado con la luna. Representa abundancia, divinidad femenina, así como la madurez de la mujer a través del cuerpo y espíritu. En el amor y en la guerra Las mujeres celtas se han caracterizado por sus participaciones en las batallas, se arriesgaban por sus hijos en los campos de guerra. Durante los enfrentamientos las mujeres siempre acompañaban a sus esposos y en el caso de que estos fallecieran tomaba su lugar en las filas de guerra.

En conclusión, la cultura celta y su aspecto militar influenció en el comportamiento de las mujeres, sin embargo, la llegada del cristianismo pone freno a la libertad, igualdad de derechos que ellas tenían.

Artículo escrito 17 junio 2023 para El Progreso de Lugo

SEXO EN EL IMPERIO

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El Arde Lucus representa como vivían los romanos que con su lujuria y placer lo dominaban todo

Los romanos vivían el amor y el sexo como si fuera un gran regalo de los dioses, que debían disfrutarlo al máximo. Sin ir más lejos los frescos y grafitis que aparecieron en Pompeya ya demostraban la importancia que le daban, buscaban siempre el placer y la felicidad.

El viajar aporta mucho mundo, eso lo vivió Baco, el Dios Romano del Vino, que hizo patria por toda Asia y a su regreso a Roma quiso compartir todo lo aprendido con los demás. Fue un trotamundos y maestro de la diversión, precursor de la liberación sexual y de los excesos. Los romanos de aquel tiempo, se convirtieron en los reyes de las borracheras colectivas, entregados a un vino que nada tiene que ver con los que tenemos aquí en nuestra tierra lucense.

El falo

Los romanos adoraban a los objetos con forma de “falo” ya que era algo cotidiano porque era un instrumento que garantizaba la fertilidad según el dios romano Fascinus. Las matronas romanas eran las encargadas de llevarle flores, cuya misión consistía en alejar el mal de ojo (fascinum) que tanto les preocupaba a los antiguos romanos, favorecía la germinación de las plantas y facilitaba el alumbramiento de las hembras estériles.

El poder, el estado social y la buena fortuna se expresaban frecuentemente en términos fálicos. Los hombres romanos tenían que ser parte activa en todo lo referente a la sexualidad. No se entendía la pasividad sexual en un hombre, pues suponía la pérdida del control, y esta era la máxima virtud valorada en Roma.

Los hombres romanos podían tener relaciones con prostitutos y con mujeres, y esto era aceptado socialmente.

Homo y bisexualidad

Las leyes “Lex Scantinia”, “Lex Iulia” y “Lex Iulia de vi publica” regulaban la homosexualidad entre hombres libres. Un hombre, que disfrutaba siendo penetrado, era llamado pathicus o catamita. Se le consideraba pasivo y en consecuencia era presentado como hombre débil y femenino.

Estas leyes sobre la homosexualidad no se aplicaban cuando eran los esclavos o los bárbaros quienes la practicaban, pues no eran considerados como seres humanos. El hombre romano era bisexual y la educación que se daba a los hijos, iba encaminada a ser bisexuales. El hombre era el dominante y superior en la familia, sociedad, política y en la guerra. Mandaba en casa y lo decidía todo. Además sodomizaban a los enemigos venidos y los esclavos que vivían en sus casas.

En una clara herencia de la cultura griega, no se consideraba homosexual a un hombre que mantenía sexo con otro hombre, siempre y cuando éste hiciera el papel activo, es decir, cuando penetraba a esclavos, prostitutos o prisioneros, pues esto era visto como un signo de autoridad.

Matrimonios pactados

La educación bisexual de los romanos estaba orientada a demostrar su poder. La sociedad romana era profundamente machista y muy jerarquizada. Un hombre no se podía casar sin tener experiencia sexual. La virginidad femenina en las clases pudientes representaba un gran valor social en la mujer.

Los romanos no se casaban por amor, sino para reproducir y engrandecer el imperio, exclusivamente movidos por intereses sociales y económicos, había poca intimidad. Tenían mas relaciones con los esclavos y esclavas siendo considerado lo más normal y que el esposo buscara satisfacción sexual con otras personas fuera del matrimonio.

Las mujeres romanas

Los genitales femeninos y la menstruación eran vistos de manera negativa. El sexo oral hacia la mujer era muy controvertido. Las mujeres de clase baja, las extranjeras y las esclavas, tenían mucha más libertad sexual que las de clase alta.

El placer femenino era totalmente ignorado. La moral sexual romana se basaba en el binomio de someter y ser sometido. Someter era un honor, mientras que ser sometido era absolutamente vergonzoso y más si éste era un varón adulto libre. Sin embargo, si era un esclavo o una mujer se consideraba de lo más natural.

Las féminas una vez casadas no debían esperar ningún placer del acto sexual, solo tenían que procrear. Además, debían aceptar las infidelidades de sus maridos, siempre y cuando las amantes no fueran casadas, pues, como hombres, era una muestra de su virilidad.

El cunnilingus (sexo oral) se consideraba una práctica sucia, ya que la persona que lo practicaba se encontraba en la postura de un perro. Era común que los “statio cunnulingiorum”, osea los prostitutos masculinos, esperaran en las esquinas de algunos baños a mujeres que solicitaran sus servicios.

Anticonceptivos

En el siglo II, el médico Sorano de Éfeso aconsejaba introducir una bola de lana empapada de vino u otras sustancias gomosas en la vagina, para taponar la entrada del cuello del útero. Menos científica era la costumbre de saltar siete pasos hacia atrás o hacer girar la rueda de un molino cuatro veces por la noche, como apuntaban otras costumbres de la época, que posiblemente no frenaron el nacimiento de muchos guerreros romanos que más tarde fueron posiblemente o Pretorianos o de las Cohrs.

Prácticas sexuales extremas de los romanos

1. Acostarte con la madre

  1. Hacer recorridos por prostíbulos como si de turismo se tratara.
  2. Acostarse con familiares: hermanos, primos, etc.
  3. Convertir a un hombre en mujer para poder contraer matrimonio
  4. Ejercer la prostitución a media jornada
  5. Intercambios de parejas, o tríos
  6. Montar burdeles imperiales.
  7. Montar orgías con adolescentes
  8. Casarse con tu sobrina
  9. Dar rienda suelta a numerosas fantasías o fetichismos de todo tipo.

Habrá quienes representen a pies juntillas como vivían en aquella época, estos días de fiesta en el Arde Lucus, donde estar disfrazado de romano o celta durante unos días, como lo hacían en el antiguo imperio puede írsete de las manos, ¡así que, ten “sentidiño” que luego llega el lunes y tienes que vestirte como en el resto del año!.

Articulo escrito 15 junio 2019, para El Progreso de Lugo

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